3as Jornadas de Historia Social en reconocimiento a Gabriel Salazar Vergara y 1er Encuentro de Estudiantes de Historia.
27, 28 y 29 de septiembre de 2006, Universidad de Chile
Conocimiento Colectivo
I. ¿Qué son las Jornadas de Historia Social? 1ra y 2da JHS: sus diagnósticos, objetivos, propuestas y balances.
Las Jornadas de Historia Social nacieron el año 2004 como una iniciativa del Grupo de Estudios Histórico-Sociales (en adelante GEHS), formado por estudiantes de los últimos años de licenciatura de la Universidad de Chile. Su motivación inicial consistió en abrir un espacio convocante y dialogante entre el mundo académico y el estudiantil, haciendo un urgente llamado a repensar la nueva historia social en función de su decaído rol social. El GEHS por su parte, se originó en la necesidad de generar espacios de diálogo entre los estudiantes, que fueran capaces de abordar las problemáticas historiográficas que no eran tratadas en los espacios académicos tradicionales (cátedras, seminarios, jornadas, etc.), pero que sí eran objeto de las "discusiones de pasillo" de las Universidades. Fue en estos espacios donde empezaron a tomar conciencia de una serie de cosas: de la importancia de conversar como elemento primordial para una instancia de diálogo; de la tardía preparación que tenían respecto a la historia social, ya que las primeras cátedras al respecto correspondían, por lo general, al tercer año de la carrera; y finalmente, del progresivo alejamiento que estaba experimentando la historia social respecto a la sociedad misma y de la necesidad de establecer un nexo más fluido entre estos dos espacios.
De esta manera, las Primeras Jornadas de Historia Social, en homenaje a Hernán Ramírez Necochea, se plantearon "... convocar a la supuesta comunidad universitaria a la que pertenecemos, y juntos comenzar a revisar las bases que sustentan el supuesto estancamiento y aislamiento que hemos determinado como términos de definición general en nuestro diagnóstico acerca del problema específico de la disciplina que nos compete." El diagnóstico que elaboraron los compañeros del GEHS se divide en dos partes complementarias. Por un lado, apunta al proceso de desvirtuación o pasividad de los estamentos universitarios, lo que sumado a la escasez de diálogo entre ellos provoca una creciente incapacidad para actuar como comunidad en pos de un proyecto universitario que se vincule con la construcción de sociedad.
Por otro lado, y relacionado con lo anterior, si bien la nueva historia social ha logrado posicionarse como disciplina dentro de la academia, no ha podido salir de este estrecho círculo y se ha entrampado cada vez más en discusiones academicistas, olvidando sus cuestionamientos iniciales sobre las problemáticas sociales y la condición humana, por lo que las ideas de estancamiento y aislamiento serían las que mejor definirían la generalidad de este problema. En síntesis, el diagnóstico del GEHS apunta al cambio que esta experimentando la nueva historia social, que pasó de ser una disciplina que pensara los grandes problemas sociales a convertirse cada vez más en un complejo entramado discursivo y contemplativo de la realidad social. Fue en función de este diagnóstico que aquellas jornadas se centraron en tres ejes temáticos: la construcción teórica de las categorías de los sujetos históricos, la revisión de las metodologías que emplea la nueva historia social, y las dificultades y alcances de la construcción teórica de la historia social. Su apuesta consistió, entonces, en la generación de un espacio capaz de incluir a la comunidad en general y al mundo académico en la construcción de una historiografía que se plantee respecto a las necesidades del país.
Las 2as Jornadas de Historia Social, en reconocimiento a Luis Vitale Cometa (septiembre de 2005), se plantearon como una continuidad de las jornadas anteriores en tanto instancia que nace desde los propios estudiantes y sus inquietudes como generación. Esto implicó que si bien los organizadores de estas nuevas jornadas asumían el diagnóstico realizado por el GEHS, su objetivo en esta ocasión apuntó a generar una espacio de diálogo y debate entre los propios estudiantes, y entre estos y los historiadores, antes de establecer el necesario diálogo con lo social. Así, el problema central que asumieron las 2as Jornadas tiene que ver con la falta de un real diálogo y debate entre los estudiantes, entre estos y los profesores, y entre las distintas tendencias de estos últimos. Esto en la medida que el grupo organizador cree que no es posible superar el estancamiento y aislamiento que vive la historia social respecto a lo social, si antes no es posible que los estudiantes y profesores se reúnan, reconozcan sus similitudes y diferencias, y dialoguen de manera productiva. De esta forma, plantean que "... si bien compartimos los aspectos fundamentales de tal análisis, estima necesario desarrollar otra vía para la resolución de los problemas detectados, que se refiere a aspectos específicos de nuestra disciplina. Consideramos que si no solucionamos primeramente los problemas de comunicación existentes al interior de la disciplina histórica, difícilmente lograremos una real y efectiva comunicación con la sociedad."
Abordar estos problemas implicaría asumir el academicismo de la historia social como una primera parte necesaria que se debe superar, pero que no se va a remediar saltándose etapas, por lo que el primer paso es superar los problemas internos de diálogo y debate. En consonancia con este planteamiento, estas jornadas apuntaron metodológicamente a generar debate, confrontando historiadores de distinta postura epistemológica y teórica en una misma mesa de debate, en torno a diversas problemáticas que se relacionaban con el tema amplio de la identidad. Según el balance realizado posteriormente por los organizadores, sería en la realización y fracaso de estas mesas de debate donde se encuentra la comprobación del diagnóstico realizado anteriormente, ya que "... la poca disposición que recogimos tanto de los profesores como desde los mismos estudiantes, nos afirmó que la falta de debate y discusión académica es el problema que está sesgando y arraigando a la disciplina como algo netamente intelectual, academicista y ensimismado." La escasa participación parece reflejar la apatía del mundo académico y estudiantil por pensar la historia y la historiografía más allá de los espacios de discusión y evaluación tradicionales.
II. 3as Jornadas de Historia Social ¿Para qué?: el problema de la continuidad y nuestra propuesta.
En este panorama, nosotr@s, compañer@s de diferentes generaciones de licenciatura en historia, nos hemos planteado realizar las 3as Jornadas de Historia Social. Sin embargo, al asumir esta tarea debimos, necesariamente, cuestionar el carácter mismo de las jornadas que quisiésemos construir, y establecer qué continuidad tendríamos respecto a las de los dos años anteriores. De esta manera, no quisimos entender la continuidad de este espacio como la simple prolongación en el tiempo de una actividad que nace de los propios estudiantes, sino que creímos necesario asumir las problemáticas que se han venido planteando y tratar de abordarlas con el fin de buscar posibles salidas al diagnóstico general de estancamiento y aislamiento. En consecuencia, hemos querido en estas 3as Jornadas tratar esta problemática con miras a encontrar soluciones a la situación tratada, ya que entendemos que el mérito central de la 1ra Jornada consistió en poner en el tapete una serie de preguntas -principalmente él "para qué tanta historia social"- mientras que la 2da Jornada apostó a encontrar respuestas a estas preguntas intentando crear espacios de diálogo al interior del mundo académico como paso previo para establecer un nexo con lo social.
Nuestra propuesta se inserta en este proceso, pero a la vez es distinta a la anterior y tiene su propia lógica. Consideramos que esta problemática de estancamiento y aislamiento se traduce, en términos prácticos, en la escasa socialización y creciente academización de la historia social, ya que mientras ha logrado consolidarse dentro de la propia academia (como lo demuestra el reciente Premio Nacional de Historia otorgado a Gabriel Salazar), no ha podido salir de los pasillos universitarios y establecerse definitivamente en espacios más amplios como, por ejemplo, los colegios y los manuales de historia. Las consecuencias de esta problemática pueden ser muchas, pero una de las principales, sino la principal, tiene que ver con la relación entre la historia social y su capacidad para generar memoria histórica en las personas. Producto de esto, lo que hemos buscado hacer en estas 3as Jornadas es problematizar el diagnóstico elaborado en las 1as Jornadas, en función de planes de trabajo que nos permitan abordar de manera práctica distintos elementos el problema de la socialización de la historia social. Así, pretendemos abordar esta problemática desde dos grandes frentes: uno que se refiere a los aspectos que pertenecen a la disciplina y a la labor historiográfica misma y que tiene en las Jornadas su espacio de operación; y otro que busca enfrentar el diagnóstico de estancamiento y aislamiento desde los aspectos más institucionales y estudiantiles propiamente tales, y que encuentra en el Encuentro su lugar (sobre el Encuentro volveremos más adelante).
Las Jornadas pretenden continuar tratando las temáticas que están más íntimamente ligadas con la labor y la producción historiográfica en sí misma. Su propuesta específica consiste en proponer tres posibles salidas socializadoras de la historia social: los movimientos sociales, la educación popular y la educación formal. Si bien cada una de estas posibles salidas tiene lógicas y alcances distintos, consideramos necesario incluir a las tres por representar espacios donde no sólo puede reproducirse el conocimiento histórico, sino que, principalmente, este conocimiento puede construirse colectivamente en la práctica cotidiana y desde la realidad misma de los actores sociales, donde la historia se hace carne y cobra una significación intima para las personas. Consideramos necesario establecer este vínculo, no sólo por que creemos que estos tres espacios prácticos constituyen una posible salida socializadora de la historia social, sino también porque en aquellos espacios esta se transforma en una herramienta social que potencia la memoria y la participación de los sujetos de carne y hueso. Debiese existir así, una relación recíproca y útil entre la historia social como productora de conocimiento y elemento esencial para la construcción de una memoria histórica desde y para los propios sujetos sociales (ya que la memoria se constituye en base para la acción política de las personas), y estos espacios de participación donde se construye y se reproduce la memoria de los chilenos. De esta forma, el énfasis temático de las Jornadas se pondrá en la relación entre historia social y los movimientos sociales, la educación popular y la educación formal: su necesidad, problemas y perspectivas. Por esta razón, las Jornadas van a estar integradas tanto por historiadores, como por profesores de historia y miembros de distintas organizaciones de educación popular y otros movimientos sociales. Además, la metodología de estas Jornadas pretende ser distinta a sus predecesoras, ya que no se orienta tanto a la tradicional lógica expositiva (tipo "cátedra magistral") ni a una instancia de debate entre académicos, sino que busca generar diálogo y debate entre el mundo académico y el mundo social, restringiendo las temáticas, el espacio y el tiempo para las exposiciones mientras que se prioriza la conversación y discusión de todos los participantes en torno a los temas que nos convocan.
Las Jornadas comienzan el miércoles 27 de septiembre a las 10:30 horas con la mesa "Diagnóstico de la Historia Social chilena en la actualidad" en el Salón de Honor de la Casa Central de la Universidad de Chile. Esta mesa estará integrada por Alejandra Araya, Igor Goicovic, Sergio Grez y Pablo Artaza. Se dividirá en dos rondas de discusión: la primera orientará su discusión en torno a distintas consideraciones respecto del diagnóstico de estancamiento y aislamiento, que se originaran de una serie de preguntas sobre la proyección actual de la historia social, el papel de las nuevas generaciones, etc.; la segunda tendrá como eje conductor del debate la relación de la Historia Social con la política (en sus diversas dimensiones), por lo que en esta provocación se leerán citas de algunos planteamientos desarrollados por los panelistas, esperando que ellas puedan ser las que guíen el dialogo, para poder debatir en torno a preguntas como ¿cuáles son las ventajas y desventajas de trabajar con la política desde los estudios de la historia social? ¿Cuál debiera ser el grado de cercanía y distanciamiento de parte del historiador social con relación a los procesos políticos actuales? Si bien esta primera mesa es, en rigor, el espacio más "tradicional" producto de su lógica mayoritariamente expositiva, su metodología prioriza las intervenciones cortas a favor del diálogo y debate entre los exponentes y el público.
El siguiente espacio en las Jornadas corresponde a las mesas que tratan la temática de historia social y movimientos sociales, y comienza -después de almuerzo- a las 14:30 horas del mismo miércoles 27. Hemos considerado adecuado realizar dos mesas paralelas que puedan enfocarse en movimientos sociales distintos, enriqueciendo el debate en torno a experiencias diversas. Así, en esta ocasión trataremos el carácter, las perspectivas y los problemas de la relación entre la historia social y los movimientos mapuche y estudiantil secundario. La mesa "El Movimiento Mapuche, 1993-2006. Diálogos con la Historia Social" (Sala Eloisa Díaz, Casa Central de la Universidad de Chile) será integrada por los historiadores Martín Correa y Leonardo León, por Felipe Curivil y Cristián Melillan (miembros de la organización Meli Wixan Mapu), y por Víctor Naguil (miembro de Wallmapuwen). Esta mesa pretende girar la discusión en torno a distintas consideraciones sobre movimiento y conflicto mapuche, la historia social como herramienta para la acción de los sujetos históricos orientada al cambio social, reflexiones respecto al papel de la historiografía en la generación y la recuperación de la memoria histórica en el pueblo mapuche, para qué y quienes se produce historia mapuche, etc. La mesa "Movimiento Estudiantil Secundario e Historia Social. Propuestas para un diálogo necesario" (Salón de Honor, Casa Central de la Universidad de Chile) será integrada por el historiador Mario Garcés, el sociólogo Claudio Duarte y por dos representantes del movimiento secundario. Contará de una primera sección principalmente expositiva, donde se comentarán (a modo de referencia) las movilizaciones de este año desde las perspectivas particulares de cada uno de los integrantes de la mesa, y de una segunda parte de discusión que pretende problematizar temáticas como la memoria, el poder y la idea de actor histórico, en función de establecer la necesidad de un nexo más directo y recíproco entre la historia social y los movimientos sociales. Queremos hacer hincapié en que la idea de estas mesas NO es reproducir la típica cátedra o foro, donde los sujetos cuentan sus experiencias, y los historiadores y cientistas sociales las teorizan e interpretan, sino que su objetivo central es tratar de establecer, primero, si existe la necesidad de un vínculo recíproco entre la producción historiográfica y los distintos movimientos sociales que quiebre la tradicional lógica sujeto-objeto, cuál es su carácter y, segundo, intentar avanzar en posibles vías y mecanismos para generar este vínculo.
Después del Encuentro de Estudiantes de Historia del jueves 28, las Jornadas continúan el viernes 29 todo el día en el Salón de Honor de la Casa Central de la Universidad de Chile. En la mañana partimos con la mesa dedicada a la relación entre historia social y educación popular, la que se subdividirá en dos mesas continuadas. La primera parte a las 09:00 horas, se denomina "Crisis y Dispersión de la Educación Popular (1987-2006): Prácticas actuales y su relación con la Historia Social" y estará integrada por Pedro Milos, Mario Garcés y Gabriel Salazar. Esta mesa pretende comprender y visualizar la crisis que experimentó la educación popular con el inicio del proceso de "transición a la democracia", realizando una breve exposición con el objetivo de dar a conocer al público asistente el desenvolvimiento histórico que ha tenido la educación popular en nuestro país, para luego visualizar las manifestaciones actuales que presenta la educación popular. Finalmente, busca analizar las proyecciones y la posible relación entre la historia social y la educación popular a través de la realización de un debate entre los académicos y el público asistente, y en donde se busca sostener o replantear la socialización que ha tenido la nueva historia social, y por ende, los alcances que ha tenido dentro de esta práctica educativa. Por su parte, la segunda mesa "La Nueva Educación Popular (Chile 1995- 2006): Desde la Acción Local a la Política Liberadora" parte a las 10:45 horas y contará con la participación del Cordón Popular de Educación, Red de Hip Hop Activista y el Centro Cultural el Kulebrón. Tiene como objetivo visualizar a través de las distintas experiencias actuales de educación popular su sentido político y sus prácticas metodológicas, para luego analizar a través de una auto evaluación de las diferentes experiencias de educación popular su proyección social, política e histórica. Para terminar, busca identificar algunas relaciones posibles entre "academia" y "práctica social" en cuanto a la formación de sujetos y actores sociales dentro de la actualidad.
Las Jornadas finalizan con la mesa "Límites, alcances y proyecciones de la Nueva Historia Social en el sistema educativo formal" que se realizará desde las 14:00 horas en el Salón de Honor. Estará integrada por Julio Pinto, Jhonny Canales, Robinson Lira y Azun Candina y pretende entrar a debatir los problemas propios de la educación y, particularmente, los que dicen relación con la enseñanza de la nueva historia social, teniendo como ejes de la discusión distintas interrogantes sobre cuál es la necesidad de enseñar la nueva historia social en los colegios, las razones del por qué esta no se imparte en los colegios, cómo lograr que sí se revise en ellos, etc. La comisión organizadora de esta mesa considera que la enseñanza de la nueva historia social dentro del sistema de educación formal cumple un rol de reinterpretar, por un lado, la historia que se aborda dentro de los contenidos tradicionales de la enseñanza secundaria y, por otro, intenta potenciar y reconocer a un sujeto cognoscente, es decir un sujeto que piensa crítica y reflexivamente tanto su persona como su entorno, internalizando así su calidad y condición de actor social. En consecuencia, visualizan que la nueva historia social constituye una herramienta que posibilita este proceso al reinterpretar la historia y abordar contenidos distintos, y muchas veces marginados, de los programas educacionales. Finalmente, es necesario señalar que esta mesa pretende establecer discusión respecto a la necesidad de una concreta enseñanza de la historia social en el sistema educativo formal, por lo que esperamos la asistencia y activa participación tanto de estudiantes de historia, como de estudiantes secundarios y profesores de historia.
III. 1er Encuentro de Estudiantes de Historia: origen, propuesta y 5 documentos para la discusión.
Como se planteó más arriba, el Encuentro tiene por objeto abordar la problemática central de estancamiento y aislamiento desde nuestra perspectiva específica de estudiantes. Es decir, el Encuentro pretender ser un espacio complementario (no por eso menos importante) a la Jornadas, que busca tratar algunos elementos que aunque no son propios de la labor historiográfica, son determinantes de esta y de la formación de los estudiantes de historia. Así, hemos considerado necesario proponer 5 elementos que, creemos, son importantes a la hora de determinar las causas del estancamiento y aislamiento: 1) la falta de definición del rol social en nuestras Universidades; 2) los problemas formativos en lo teórico y metodológico; 3) la carencia de espacios de diálogo y debate, tanto entre los historiadores y profesores, como entre nosotros los estudiantes; 4) la necesidad de quebrar la lógica reproductora del conocimiento y avanzar en la construcción de conocimientos colectivos; y 5) la tecnificación de la enseñanza de la historia. Hay que recordar que esta es una propuesta temática y cualquier otro tema que sea considerado oportuno por el Encuentro puede ser tratado. Es importante señalar que estos elementos han sido extraídos de una síntesis general que hemos realizado de las 1as y 2as Jornadas de Historia Social de la Universidad de Chile, así como de las 1as Jornadas de Historia en el Pedagógico (organizadas por el Grupo de Estudios Niños Huachos), instancias en las que se han señalado una serie de problemáticas que hemos intentado agrupar en estos cinco puntos en función de una metodología de trabajo para el Encuentro. Respecto a la metodología del Encuentro, esta busca priorizar el trabajo grupal en función de la discusión interna respecto a estas cinco problemáticas o de alguna más que en la plenaria inicial sea propuesta y considerada necesaria. En consecuencia, después de la plenaria inicial, esta debiese dividirse en grupos de trabajo en función de las temáticas que sean delimitadas por la plenaria y cada grupo abordar un tema (aunque todos los temas pueden ser interesantes, hemos considerado lo más oportuno que un grupo trabaje sólo un tema, ya que facilita la discusión por razones de tiempo). La idea de estos grupos es que puedan discutir respecto a estas problemáticas, visualizar sus elementos más importantes y tratar de elaborar propuestas de mejoramiento y planes de trabajo a lo largo del año. Para aportar al debate, hemos elaborado documentos de discusión para cada tema, los que esperamos sirvan como base para el trabajo y no como recurso último del Encuentro. Por cuestiones metodológicas, cada grupo debiese elegir un coordinador que se encargue de elaborar un borrador que incluya los tópicos centrales de la discusión, las resoluciones y el plan de trabajo. Estos borradores deberán ser discutidos y aprobados por la plenaria final, la que deberá calendarizar la próxima fecha de reunión, preferiblemente, en otra Universidad o región del país. Finalmente, señalar que la idea central del Encuentro es ser una plataforma de trabajo de los propios estudiantes para abordar los temas que consideren necesarios respecto a nuestra disciplina, por lo que el Encuentro no termina el 29 de septiembre sino que debiese proyectarse en el tiempo. Por esta razón, es trascendental la activa participación de cada uno de nosotros en esa instancia, tanto en las plenaria como en los trabajos por grupos, y que las discusiones y resoluciones queden registradas y no se pierdan. Bueno, eso... mucha suerte y a ponerle empeño que la historia la hacemos tod@s!!!
A. Falta de definición del rol Social de la Universidad.
Al hablar de rol social nos estamos refiriendo a la capacidad que tiene una institución y, por ende, quienes la componen, de pensar la sociedad, de enfocar el trabajo cotidiano hacia ella. En definitiva, de tener como finalidad la solución de los problemas que a la sociedad le afectan. Sin embargo, este rol no viene dado de por sí o lo otorga una normativa interna o legal, sino que es una construcción constante de quienes componen la Universidad y se ponen al servicio de las necesidades del pueblo.
La pérdida del rol social que jugó el mundo universitario hasta el derrocamiento de Salvador Allende pasa no sólo por una transformación de lo que se entendía por Universidad, proceso de alteración impulsado desde la dictadura dentro y fuera de las diferentes casas de estudio, ni solamente por la presión de una economía neoliberal. Pasa por la nula capacidad que hemos tenido los distintos estamentos universitarios de responder a los cambios que se generaban en ella y en la sociedad. Salvo contadas excepciones, la comunidad universitaria, especialmente las autoridades y el estamento académico, renunció a debatir y pensar las problemáticas sociales desde los diversos espacios universitarios, y lo que es igual de grave, renunció a pensar la Universidad. Año tras año, reducidos grupos de estudiantes y de funcionarios no académicos se movilizan, con escasa fuerza, en contra de políticas estatales que profundizan la crisis educacional, mientras que las autoridades de nuestras Universidades y Facultades nunca han mantenido una postura enérgica de rechazo al nuevo carácter de las instituciones.
Con el tiempo, la educación superior se ha puesto al servicio del mercado, se piensa en tanto empresa productora de insumos de acuerdo a las necesidades empresariales y a las demandas de los consumidores de educación, y quienes componen la universidad se amoldan sin mayor problema a esta nueva lógica educacional, aún cuando algunos no estén contentos con ello en su interior. Este cambio en la orientación universitaria ha conllevado consigo cambios estructurales que, evidentemente, han impactado en la formación de los estudiantes de historia, basta ver el creciente carácter contemplativo y sin compromiso con la realidad social de nuestro país que ha tomado nuestra disciplina en el último tiempo (evidentemente existen claras excepciones que, sin embargo, no han logrado aglutinar al grueso del mundo académico). Este acomodo a las nuevas políticas públicas obliga a los diferentes estamentos a buscar formas alternativas de financiamiento, obliga a competir contra colegas, compañeros y amigos por un aporte que permita generar investigaciones, espacios de debate o simplemente un sueldo. Según el GEHS, los roles que cumplen los estamentos al interior de la comunidad universitaria se han desvirtuado, ya que se enfocan hacia conflictos individuales y gremiales, negando la posibilidad de "pensar la sociedad en conjunto", y generando en el tiempo una creciente incapacidad para pensar un proyecto universitario con miras a la sociedad y sus problemas.
La nula capacidad de responder a la pérdida del rol social pareciera ser la tónica de la Universidad, y sobre todo de las Humanidades. La historiografía en particular se ha encerrado en estudios alejados de las preocupaciones respecto a las problemáticas de nuestra realidad social, y se han encerrado en complejas elucubraciones pseudo científicas que silencian los conflictos sociales que se desarrollan en el presente, que desvían la mirada hacia problemáticas sin mayor trascendencia en la sociedad. Existe una falta de intereses por pensar el trabajo historiográfico desde los cuestionamientos respecto a la condición humana, priorizando el trabajo estético de escritorio. A nuestro juicio, la falta de protagonismo social y de compromiso de la mayoría de los historiadores con las problemáticas sociales se ha traducido, entre otras cosas, en la escasa capacidad de debatir y de pensar la historia, tarea que ha sido llevada adelante en los últimos años por reducidos grupos de historiadores y estudiantes, junto con algunas organizaciones populares. Entonces, el problema no es de la historia, sino de los historiadores.
B. Problemas formativos: mallas inadecuadas y esterilidad intelectual.
Uno de las quejas más recurrentes no sólo entre los propios estudiantes, sino también entre algunos profesores universitarios, apunta a la deficiente formación que recibimos en el pre-grado en los aspectos teóricos y metodológicos. El origen de este problema puede tener diversas respuestas: la mala calidad de los profesores; la tardía presencia de ramos formativos o la simple inexistencia de estos; la escasez de trabajo práctico como pueden ser ir a un archivo o entrevistar a alguien; el poco incentivo a las investigaciones en el pre-grado, etc. Pero si bien las causas a este problema son múltiples, las consecuencias son, por lo general, las mismas en todos lados y pueden resumirse en la pobre capacidad que tenemos los estudiantes de pre-grado para enfrentar, en la práctica, el análisis histórico. Esta incapacidad puede reflejarse claramente a la hora de realizar una investigación o escribir un ensayo, pero sus implicancias se extienden más allá de lo académico ya que sin una adecuada preparación teórica y metodológica difícilmente podremos pensar nuestra disciplina como una herramienta -responsable y seria- al servicio de la sociedad y sus problemas.
Por tanto, es prioritario enfrentar los problemas formativos de nuestras carreras, ya que de ellas depende, en gran medida, la clase y la calidad de profesionales que seamos en el futuro. De esta manera, creemos que esta problemática puede enfrentarse desde algunos aspectos puntuales que, si bien no pretenden abarcar la totalidad de esta conflictiva situación, son lo suficientemente relevantes como para comenzar un proceso de reforma en lo formativo. Uno de estos elementos tiene que ver con la estructura curricular de nuestras carreras, que por lo general no contempla una adecuada reflexión filosófica y teórica respecto a la historia, sus actores y elementos tan importantes como lo político, lo cultural, el poder, la democracia, etc., factores que sin duda son esenciales para realizar una labor historiográfica seria y con implicancias fuera de lo académico. Así, los cursos sobre "filosofía de la historia" o "teoría de la historia" por lo general se presentan de manera insuficiente y muchas veces tardía en nuestra formación. A esto se suma la baja ponderación que los propios estudiantes tenemos de temáticas tan importantes como estas, producto sin duda de la escasa valoración que la sociedad en general tiene respecto a la reflexión filosófica. Quizás esta sea la causa más directa del por qué la Universidad y los estudiantes restemos importancia a preguntas tan importantes como él por qué, para qué y para quien de nuestra labor. Por otra parte, al mismo tiempo que nuestras mallas no contemplan adecuadamente la reflexión filosófica en torno a nuestra disciplina, tampoco parecen hacerlo respecto a otro tema primordial como son los ramos metodológicos respecto a la investigación y la pedagogía, lo que se traduce en las clásicas dificultades que tenemos para afrontar una investigación tanto en los aspectos cuantitativos como en los cualitativos, así como los problemas que se nos presentan para desarrollar la labor pedagógica. Un último factor tiene que ver con la tardía presencia de cátedras y seminarios que se inserten en la óptica de la historia social, o que al menos la consideren seriamente dentro de las lecturas y las evaluaciones del curso, producto de lo cual nuestra formación respecto a los planteamientos de esta disciplina es, muchas veces, superficial y se basa principalmente en lo que aprendemos por iniciativa propia o por lo que escuchamos en otras instancias como los congresos, jornadas, seminarios, charlas, lanzamientos de libros, etc.
Otros elementos importantes fuera de la mala disposición curricular y que también son necesarios de tomar en cuenta, tienen que ver con la serie de barreras legales que, entre otros aspectos, dificultan los cambios dentro de las mallas, obstaculizan una transparente renovación de la planta académica o impiden un apoyo serio y formal a la investigación y las ponencias de estudiantes de pre-grado.
C. Pasividad universitaria: inexistencia de diálogo y debate historiográfico.
Hoy en día, la sociedad le entrega una escasa importancia a la historia, fenómeno que sin embargo no sólo se da a nivel extra académico, sino primordialmente entre profesores y estudiantes de la disciplina misma, quienes, a juicio del Grupo de Estudios Niños Huachos del ex - Pedagógico, no comprenden que la finalidad de ésta no es otra que ser entendida "como una herramienta para generar cambios en la sociedad y desde los sujetos". La enseñanza de una 'historia tradicional' en la formación de los profesores junto con la lógica maestro-alumno (dador-receptor de conocimiento) y las reducidas instancias formativas extra aulas, se han traducido en la nula capacidad de cuestionarse y pensar la historia, de poner en duda siquiera la forma como se construye ésta. Lo anterior redunda en que las pocas oportunidades de debate que existen, como jornadas, encuentros y otras, no logran romper con la lógica expuesta de cómo se enseña la Historia en Chile.
En estas actividades se manifiesta además un problema no menor, que es la poca apertura que tienen los historiadores a debatir y a conocer las posturas de las demás corrientes historiográficas. Esto por decir lo menos, pues tampoco es buena la disposición a conversar entre quienes representan a una misma corriente. Un diálogo entre sordos, producto de la falta, en la actualidad, de un serio debate epistemológico de la historia social, el cual pesa hoy a los estudiantes de historia interesados por estas perspectivas.
De otra parte, la incomprensión que sufre la historia entre los mismos estudiantes de pedagogía o licenciatura ha conllevado a que un número importante de compañeros no vean que el estudiar la carrera sea algo más que 'sacar' un título. Estudian datos que repetirán hasta la eternidad, y es gracias a ello que más tarde tendrán un sueldo, es decir, sólo hacen una inversión a futuro. La historia, por tanto, se aprende y no se piensa; se memoriza, no se cuestiona. Al no preguntarse siquiera por cuestiones básicas como la veracidad de lo que se nos cuenta, al no interiorizar el relato en la historia propia y vivencial, la historia no deja de ser más que una fórmula o una estadística fría que será repetida una y otra vez. Por lo tanto, al no ser capaces de cuestionar siquiera la información que se nos proporciona, no se cuestionarán tampoco su propia realidad ni se pensarán como sujetos constructores de realidad social. La historia, por uno u otro camino, pierde su sentido y su función social para transformarse en un mero ejercicio intelectual.
Todo lo anterior se traduce en lo que hemos llamado pasividad universitaria, que a nuestro juicio se da en los dos ámbitos ya nombrados: una, en el mundo del profesorado, en el cual se tiende a reproducir una historia academicista, y que además adolece de una nula voluntad para escucharse entre sí; la segunda, con un estudiantado incapaz de cuestionar su presente y que sólo piensa la disciplina como un proyecto laboral y no como una potencial herramienta social.
D. Necesidad de producir y construir conocimiento colectivo.
Dentro de la problemática central de estancamiento y aislamiento que vive la historia social, tampoco la comunidad universitaria (y especialmente nosotros, los estudiantes) ha sido capaz de asumirse, de una vez por todas, como protagonista en la generación de conocimiento con miras a las problemáticas sociales, al menos en lo que toca a nuestra disciplina. De hecho, en un aspecto tan importante como la investigación y las publicaciones, se puede percibir el escaso apoyo que nuestra Universidades promueven respecto a estas, especialmente las realizadas por estudiantes de pre-grado. En ese sentido se podría perfectamente decir que desde la Universidad se aprecia un alejamiento y una desvinculación de la idea de generar hacia el exterior un conocimiento que se preocupe de las problemáticas sociales. Al no concebirse la Universidad así misma como generadora de conocimiento con un rol hacia la sociedad, le resulta difícil a la historia social trascender más allá de lo estrictamente académico.
Para plantearnos una proyección desde la institución (en donde, nos guste o no, estamos insertos) hacia lo social, es necesario ante todo, reconocernos como actores sociales capaces de generar cambios ya no sólo a través de la tradicional movilización estudiantil, sino que también como estudiantes de historia que piensan la disciplina y su rol social. "Abrir" la Universidad a la comunidad debe entenderse no sólo en su sentido más literal (como la mera "extensión cultural"), sino que también debe implicar "abrir" nuestras propias disciplinas hacia lo social y sus problemas. "También hay una reacción instantánea de temor a la erudición, a sentir que los temas son muy ajenos a uno y pensar que uno no es agente de conocimiento. (...) Este tipo de síntomas es lo que un ciudadano común y corriente, en función del conocimiento no genera. Pero no lo hace porque no quiera, no lo hace porque de una u otra forma hay un trabajo de separación respecto de esa posibilidad: transformarse en sujeto de conocimiento."
Solamente desde esta vereda podremos sumarnos al debate iniciado en la década de los ’80, respecto a la necesidad de generar una historiografía que se piense en función de la humanización de los sujetos sociales y sus problemas. Este desafío de real compromiso histórico-social, podría permitir lograr avanzar en la construcción de la -a estas fechas aparentemente olvidada- "ciencia histórica" al servicio del pueblo. Para lograr esto, lo más probable es que debamos envalentonarnos frente a la posibilidad de no encontrar empleo el día de mañana. Los Niños Huachos nos plantean que tampoco debiésemos temer a romper con la añeja idea del método de enseñanza de memorización-reproducción, pues entendemos que ese conocimiento no genera más que "masa", individuos autómatas, o como dicen ellos, estudiantes-robot. De esta manera, el llamado que han hecho nuestros compañeros es el de avanzar en la construcción de un conocimiento histórico colectivo, un conocimiento del pueblo chileno, un conocimiento de la mayoría marginadas de la historia oficial.
E. Tecnificación de la enseñanza pedagógica.
Como estudiantes de licenciatura en historia, poco podemos decir acerca de la formación pedagógica en la Universidad. Es más, no sabemos con certeza si podremos estudiar pedagogía porque cuando más de la mitad de los egresados de nuestra Facultad cada año intentan hacerlo, no quedan seleccionados. Sin embargo sabemos lo deficiente que es la formación de profesores de historia en nuestro país, porque también fuimos escolares y tuvimos que soportar a 'profes' ajenos de nuestros problemas cotidianos, que enseñaban que la historia eran datos del pasado que había que memorizar. Ante esto nos preguntamos ¿queremos repetir la misma dinámica cuando entremos al mundo laboral? ¿Qué problemas visualizamos como fundamentales?
Es por ello, y porque creemos que urge hacer una revisión de los enfoques y métodos usados para formar profesores que planteamos esta mesa de discusión, basada fundamentalmente en lo que los compañeros del ex pedagógico, el Grupo de Estudios Niños Huachos, plantearon el año 2005 para las 1as Jornadas de Historia en el Pedagógico, para ellos la tecnificación se define en que "aquí se te enseñan determinados contenidos para que tu los enseñes de tal manera, o sea, es como una formación técnica, 'evalúa de tal manera, planifique de tal manera, haga esto de tal manera, preséntese en la sala de tal manera'. En el fondo no soy un profesional, soy un técnico de la pedagogía y es para la escuela, el fin último es la escuela, la PSU...". Esta tecnificación de la enseñanza puede tener varios orígenes, pero ciertamente la desvinculación del rol social y la creciente cercanía de la "industria universitaria" con el mercado, tiene un papel central en esta situación.
Creemos que la tecnificación también se puede entender como el 'formar' profesores de historia desligados de cierto rol que consideramos vital: de ser capaces de integrar la historia en la cotidianeidad de los sujetos, de integrar en los rígidos programas ministeriales metodologías y problemáticas surgidas desde la misma relación con los estudiantes, considerar que éstos son también sujetos productores de conocimiento y que por tanto el aprendizaje no es siempre unilateral. Entonces, ¿para qué sirve la historia enseñada en los colegios? La enseñanza de la historia se realiza principalmente en los colegios, y aunque en estos se permite integrar temáticas fuera de la historia tradicional, esta se orienta principalmente a los contenidos exigidos en el Simce y la PSU, es decir, la típica historia política del Estado, de los "grandes" personajes y las fechas. En consecuencia, la historia de los colegios no se trabajó generalmente en la perspectiva de la construcción de identidad y memoria que considere la realidad socio-histórica de los sujetos y su entorno. Por otra parte, cuando nos formamos como profesores lo estamos haciendo en función de qué: de asegurar nuestro futuro laboral; de una necesidad social, política; de entregar las suficientes herramientas a los estudiantes para que entren a la Universidad. Por otro lado, ¿podemos ser profesores de historia y ser también historiadores? Es decir podemos analizar y actuar sobre determinada realidad y generar un proyecto alrededor de ello. O bien, se puede entender que el problema de formación radica en que las universidades responden a intereses de mercado y que por lo tanto la formación profesional se debe a éstos.
IV. Programa General
Miércoles 27 de Septiembre
Salón de Honor, Casa Central Universidad de Chile, Av. Libertador Bernardo O´Higgins # 1058
9:00 Ceremonia de Inauguración de las Terceras Jornadas de Historia Social.
Reconocimiento a Gabriel Salazar Vergara.
Jorge Las Heras(Prorrector U. de Chile), Jorge Hidalgo (Decano Facultad de Filosofía y Humanidades), Leonardo León (U. de Chile) y Gabriel Salazar (U. de Chile).
10:15 Café
10:30 Mesa de Diagnóstico:
"Diagnóstico de la Historia Social chilena en la actualidad"
Sergio Grez (U. de Chile), Igor Goicovic (U. de Concepción), Alejandra Araya (U. de Chile), Pablo Artaza (U. de Chile)
13:00 - 14:30 Almuerzo
Sala Eloisa Díaz, Casa Central Universidad de Chile
14:30 - 17:00 Mesas de debate paralelas:
"El Movimiento Mapuche, 1993-2006. Diálogos con la Historia Social".
Leonardo León (U. de Chile), Martín Correa, Meli Wixan Mapu, Wallmapuwen
Salón de Honor, Casa Central Universidad de Chile
14:30 - 17:00 Mesas de debate paralelas:
"Movimiento estudiantil secundario e historia social. Propuestas para un diálogo necesario"
Mario Garcés (ECO), Claudio Duarte (Sociólogo, U de Chile), María Jesús Sanhueza (Vocera ACES)
(16:00 - 16:15 Café)
17:00 Finalización de Actividades
Jueves 28 de Septiembre – Encuentro de Estudiantes de Historia
Facultad de Filosofía y Humanidades, Ignacio Carrera Pinto # 1025, Ñuñoa.
9:30 Plenaria inicial
10:15 Café
10:30 Comisiones de trabajo:
- Falta de definición del rol social de la Universidad
- Problemas formativos: mallas inadecuadas y esterilidad intelectual
- Pasividad universitaria: inexistencia de diálogo y debate historiográfico
- Necesidad de producir y construir conocimiento colectivo
- Tecnificación de la enseñanza pedagógica
13:00 Olla Común en el Ágora
14:00 Continuación del trabajo por comisiones
15:30 Café
15:45 Plenario Final
18:00 Actividad Cultural
Viernes 29 de Septiembre
Salón de Honor, Casa Central Universidad de Chile
9:00 Mesa de debate:
Educación Popular: "Prácticas para la liberación: el renacer de la Educación Popular (Chile 1987-2006)".
Pedro Milos (U. Alberto Hurtado), Mario Garcés (ECO), Gabriel Salazar (U. de Chile)
10:30 Café
10:45 Mesa de debate:
"La nueva Educación Popular. 1995 – 2006: Desde la acción local a la política liberadora"
Cordón Popular de Educación, Red Hip Hop Activista, Colectivo El Kulebrón
13:00 Almuerzo y Actividades de Organizaciones de Educación Popular
14:00 - 17:00 Mesa de Debate:
"Límites, alcances y proyecciones de la Historia Social en el sistema educativo"
Julio Pinto (USACH), Jhonny Canales (Liceo Nacional de Maipú), Robinson Lira (MINEDUC), Azun Candina (U. de Chile).
(16:00 - 16:15 Café)
17:00 Balance de grupo organizador "Conocimiento Colectivo"
18:00 Vino de Honor